Las plagas sociales de nuestro tiempo

Existen varios términos para evocar los problemas de la sociedad moderna: Las plagas, las lacras, los azotes que afectan a algunos grupos de personas o ciertas capas sociales pero amenazan a todos. Es imposible establecer una jerarquía de estas plagas sociales en función de la gravedad del problema, de su amplitud o del número de personas afectadas ya que todas las lacras, que vamos a estudiar aquí, representan una bomba de efecto retardado. Así, el orden de presentación no traduce una voluntad de gradación sino que se limita a presentar los principales azotes de la sociedad española.


I. La droga
La droga no es un problema nuevo. Sin embargo, ha tomado importancia de año en año en el mundo entero y hoy en día arrasa la juventud de muchos países. Las cifras asociadas a esta lacra son estupefacientes dado que más de 200 millones de personas consumen drogas ilegales en el mundo. Es de notar también que la Unión Europea es muy afectada por este fenómeno ya que censa 20 millones de adictos. Así, España no escapa de este azote y contó, en 1990, cien mil toxicómanos.
Se necesita hacer una distinción entre las drogas blandas y las drogas duras en función del grado de nocividad, de dependencia y de las consecuencias que produce la adicción. Las drogas blandas son el hachís, la marihuana, el cannabis. Las drogas duras son la cocaína y la heroína. Se puede añadir “la drogas de diseño” tales como el ácido o el éxtasis.
La toxicomanía es creciendo en todos los países europeos y en todo el mundo. Actualmente, los gobiernos se alarman respecto a la salud de los drogadictos, las consecuencias sociales de las drogas (delincuencia, marginación) y los dineros que genera el narcotráfico. Los cárteles latinoamericanos, especialmente los cárteles de Cali y Medellín, son los más famosos para el “narcoterrorismo” (asesinatos de jueces, policías…). Hoy en día, se habla también de cárteles mexicanos (Tijuana, Juárez). Según la ONU, el narcotráfico manipula cada año alrededor de 400 000 millones de dólares. Sin embargo, en esos países, una reducción del narcotráfico no es probable a pesar de las presiones norteamericanas ya que los dineros generados por el narcotráfico permiten apurar la deuda externa de estas naciones. Además, para la población locale, los hombres de la mafia no son siempre negativos y así los ciudadanos no les denuncian. Pablo Escobar, por ejemplo, detenido en Colombia en 1993, ha realizado muchas obras sociales tales como viviendas populares, lo que le permitió ganar el apoyo de la gente.
España ocupa una situación estratégica para los narcotraficantes: entran muchos estupefacientes por el Mediterráneo, por las costas gallegas y cantábricas. Así, España representa una plataforma a partir de la que la droga está distribuida. La vigilancia aumenta pero se intercepta sólo un tercera parte de la droga comercializada.
Desde el punto de vista jurídico, el Código Penal español distingue tráfico y consumo: el tráfico es prohibido pero el consumo de drogas blancas no es penalizado después de la ley de 1983, dado que el consumidor es más visto como víctima. Al constatar el fracaso de la represión, la opinión pública está muy dividida. No obstante la mayor parte de la población se muestra a favor de la despenalización total, incluso el colectivo de madres de víctimas de la droga, sobre todo después de la firma del Manifestó a favor de la liberalización de las drogas blancas por varios intelectuales españoles y latinoamericanos, encabezados por el novelista colombiano G.Garcìa Márquez, en 1993.
Un argumento a favor de la despenalización es el fracaso de la prohibición de alcohol en los Estados Unidos en los años 1930. Algunos tales como A. Caballero han afirmado: “Hay droga porque hay guerra contra la droga”. Además, médicos y pacientes en España reclaman la despenalización del cannabis y de la cocaína para uso terapéutico.
Sin embargo, hay muchos motivos para desmantelar las redes de narcotráfico, y así para la prohibición de las drogas, tales como la transmisión de SIDA por jeringuillas contaminadas entre drogadictos marginados. Además, un efecto positivo de la despenalización es la posibilidad de frenar la delincuencia y la prostitución juvenil acareadas por la drogadicción y la necesidad de comprar las dosis diarias. Así, la prohibición permite restablecer la seguridad ciudadana.




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No obstante, según el informe del Observatorio Europeano de Drogas y de las Toxicomanías en 2007, España encabeza la lista de los países europeos por lo que se refiere al consumo de cocaína y de cannabis. Una realidad tanto más alarmista cuanto que concierne particularmente los adolescentes dado que 9,4% de los chicos españoles entre 14 y 18 años han consumidos cocaína durante el año pasado, contra 5,1% para las chicas españolas. Razón por la cual, los gobiernos españoles tienen que hacer progresos respecto a la represión y a la sensibilización de los jóvenes sobre los riesgos vinculados a las drogas


Huelga añadir que la lucha antidroga cuesta caro: En 1993, España gastó 22 000 millones de pesetas para el combate en contra de la droga. Sin embargo, a pesar del coste, España ha introducido muchas medidas para luchar contra el consumo de droga. Así, adoptó un Plan Nacional sobre drogas en 1985 que fue reforzado en 1997 por el Plan de Medidas y la creación del Observatorio Español sobre Drogas (OED) que es un órgano permanente de recogida de información de las diferentes fuentes nacionales e internacionales, cuyo objetivo consiste en la evaluación de la situación de las drogas en España.
En 1998, Andalucía fue más lejos ya que organizó una experiencia de tratamiento de heroinómanos, desenganchados con heroína administrada en centros médicos (ni el Gobierno ni la OMS han dado sus acuerdos).

Por fin, Carmen Moya, la delegada del gobierno al Plan Nacional sobre Drogas, anunció en 2008 que España va a testar un tratamiento contra la cocaína que tiene como meta suprimir los efectos estimulantes de esta droga.
El activismo español parece eficiente ya que, en 2008, por la primera vez, la consumo de cannabis disminuyó para alcanzar su nivel el más bajo después de 2003




II. El sida
Sería exagerado vincular sólo el sida con la drogadicción aunque uno de cada tres enfermos de SIDA son drogadictos. La gravedad de esta enfermedad, las pocas posibilidades terapéuticas y las consecuencias sociales acarean un pánico social general. Sin embargo, el temor de esta enfermedad, susceptible de afectar a todos (por la sangre donada, por la transfusión) se traduce por la marginación del ciudadano castigado por esa plaga. Es de notar, por ejemplo, que ciertos niños, afectados por el SIDA, han sido excluidos de una escuela en Galicia ya que los padres de alumnos temían que estos niños contaminaran sus hijos. Podemos observar también ciertos casos de despidos o de violación de la libertad individual que perjudican a los enfermos del sida.
Así, la prevención médica, la verificación de los donantes de sangre, una venta libre o una distribución gratuita de las jeringuillas y también campañas de sensibilización para informar a los jóvenes respecto a los riesgos parecen imprescindibles.
Desde el inicio de la epidemia en España se han notificado un total de 75.733 casos de SIDA. No obstante, España parece ser en el buen camino dado que, en 2006, censó 1.586
nuevos casos de Sida, lo que representa una baja de 12,7% respecto a los años antes. El responsable del Plan nacional anti-Sida, Lourdes Chamorro, comentó estas cifras asegurando que esta baja fue debido a la eficacia de los nuevos tratamientos.


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III. El racismo
La mayoría de los españoles afirman no experimentar racismo ni ejercer discriminación. Sin embargo, los latinoamericanos emigrados en España han sufrido ciertos ataques, sobre todo en los barrios populares desfavorecidos. Frente a esta violencia creciente, a la cuestión: “Piensa Usted que acontecimientos similares a las rebeliones urbanas francesas podrían ocurrir en España?”, el 62% de las personas interrogadas por el cotidiano “El Mundo” en 2006 responden positivamente. Por consiguiente, la cohesión social se ha vuelto una preocupación importante en España.
Sin embargo, en tiempos de crisis, la necesidad de encontrar un chivo expiatorio, para los males que nos afectan, rebrota. Actualmente, la crisis económica en España y la tasa récord de paro en el país generan una rivalidad entre los españoles y la comunidad extranjera para encontrar un trabajo. Numerosos españoles parados se vuelven a sus empleos de origen tales como la agricultura. Consecuencia de eso, millares de inmigrados están sin actividad, abandonados a sí mismo. Así, el rechazo social actual de los emigrados en España ha conducido a un endurecimiento de la ley sobre la inmigración dado que, en lo sucesivo, el proyecto de ley español preve persecuciones penales en contra de personas quienes alojan o ayudan emigrados en situación irregular.



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Sobre un muro en Madrid




Por Una Nueva Directiva Contra La Violencia En

un "slideshow" que fue creado por un estudiante para mejorar la situación en Chile, apoyándose sobre la ley española.
queda muchas injusticias y racismo en deporte por ejemplo, incluso en España (futbol), por eso, hay que encontrar soluciones.



La exclusión
La exclusión podría ser una repercusión de ciertas plagas evocadas en esta exposición dado que el drogadicto puede volverse en delincuente por el coste de su dosis diaria o asimismo una víctima de racismo, que no encuentra trabajo por sus orígenes, puede también salir mal especialmente en la delincuencia. Ahora bien, la delincuencia echan a estas personas en un mundo marginado por la sociedad. Resulta de eso una pérdida de referencias, una dificultad creciente par acudir a una ayuda cualquiera.
Todas las dificultades laborales, médicas, sociales, pueden llevar a la degradación del individuo que, a menudo, se vuelve hacia el hampa o la delincuencia que representas formas de precariedad. Así, nace la nueva pobreza.
En España, la lucha contra la exclusión social se traduce por medidas, planes a favor de la integración económica y escolar.